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Origen del Tequila

Entre la Historia y la Leyenda

 

 Entre la Historia y la Leyenda
¿Desde cuándo ha existido el tequila como tal?
Es difícil saberlo con exactitud. Sin embargo, podemos afirmar que, como buena bebida mexicana, el tequila es de origen mestizo, amalgama sorprendente de costumbres prehispánicas y españolas.

 

Las más antiguas referencias del empleo del agave en nuestro territorio se hallan en las culturas mesoamericanas. Vigas, techos y vallados; hilos, agujas y alfileres; punzones y clavos; remedios para purificar los riñones y borrar marcas en la piel; todos estos y muchos otros usos daban los indígenas al agave, de acuerdo con las crónicas que han llegado hasta nuestros días.

Las culturas prehispánicas concibieron que tan útil y benéfica planta sólo podía tener un origen divino. Según la cosmogonía náhuatl, el agave o maguey era una representación de la diosa Mayáhuel, divinidad que tenía cuatrocientos pechos para alimentar a sus cuatrocientos hijos, los Centzon Totochtin, dioses de la embriaguez adorados en diferentes pueblos de la altiplanicie mesoamericana.

Del metl, nombre náhuatl del agave, los pobladores prehispánicos obtenían una bebida ritual, el pulque, líquido que no sólo era ingerido por su carácter ceremonial, sino también por su valor nutrimental y reconstituyente. Al parecer, no todos podían gozar del pulque, su uso sólo estaba permitido a los ancianos, las mujeres embarazadas, los enfermos, los condenados a muerte y, en algunas ocasiones, a los guerreros prontos a entrar en combate.

Cabe explicar, de forma breve, los métodos utilizados por los antiguos mexicanos para la obtención de bebidas provenientes del agave. Una de las técnicas más comunes era la que daba origen al pulque, y que ha pervivido a lo largo de los siglos. El método consistía en cortar y raspar el corazón de la planta para que ésta concentrara sus jugos en la cavidad abierta. El líquido que se obtenía, llamado aguamiel por los españoles, era cristalino, viscoso, muy dulce y refrescante. En pocas horas dicho jugo comenzaba a fermentarse, con lo que formaba cierta cantidad de alcoholes y adquiría un color blanco perlino.

Otro sistema prehispánico usado para obtener los líquidos de los agaves consitía en cocer los corazones de las plantas en hornos de tierra, para luego machacarlos. Con ello se producía un jugo muy dulce que, una vez fermentado, adquiría una calidad embriagante.

Dice la leyenda que, en la región de Tequila, un rayo cayó con gran estruendo sobre un plantío de agaves, desgajando con su fuerte golpe el corazón de una planta que ardió por algunos instantes. Cuando el fuego se apagó, los hombres, desconcertados, percibieron que del maguey manaba un aromático néctar, líquido que bebieron con veneración al considerarlo un regalo de los dioses.

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